Se trata de darse cuenta de que la propia vida
no es un cuento infantil,
sino más bien una historia con la complejidad de las historias humanas,
con alegrías y tristezas, con aciertos y errores, con preguntas y respuestas (y alguna que otra pregunta sin respuesta).
Eso sí, sabiendo que en esa debilidad, y en Dios, somos fuertes de un modo bien diferente.




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